DE LA COSMÉTICA NATURAL Y OTROS DEMONIOS

Soy de grises, por principios. Siempre he creído que los extremos, lejos de poseer altas dosis de verdades, se encuentran aislados en un mundo viciado que solo sabe beber de las mismas fuentes. Esas que acaban envenenando posturas y aniquilando la perspectiva. El mundo de la cosmética no es ajeno y últimamente me he encontrado con algunas opiniones perturbadoras que han dado un puntapié a mi silencio “polite” y le han ordenado que se manifieste.

La irrupción en el mercado de la cosmética natural supuso un vuelco de los principios que gobernaban el mundo cosmético. Lejos de ser una pieza que sumaba, como fue la asiática hace años, nació atacando las bases que regían la fabricación de productos y “acusó” a la industria tradicional de poco ética y mercantilista. Esta pecó de soberbia y no supo medir el impacto real de una tendencia minoritaria que, poco a poco y sustentada en cambios sociales muy ramificados, que abogan por una revisión del modelo de vida, fue ganando peso hasta arañar trozos del pastel cosmético.

Preciosa foto de Laura Díaz Rodilla

El menosprecio inicial, evolucionó hacia actitudes mucho más combativas que se debaten entre unirse a la tendencia y aprovechar el hype o aniquilarla. Productos “novedosos” con nombres y/o apellidos naturales o productos “concienciados” que se han dado a la vida healthy y han dejado de “consumir” parabenos y/o siliconas, llenan las estanterías de supermercados y perfumerías intentando captar a ese público mayoritario al que solo interesan productos triple B. Todo ello acompañado por campañas de descrédito bastante sibilinas, orquestadas en más de una ocasión por músicos “expertos” que se han aprendido la partitura, pero que no tienen ni pajolera idea de lo que hablan y se permiten hacer afirmaciones categóricas basadas en la fiabilidad de las predicciones meteorológicas. Todo muy académico.

Llegados a este punto, toca resolver la gran incógnita: ¿por qué uso cosmética natural? La razón es bicéfala y pretende ser una declaración de intenciones. Si me lo pregunta el “bando natural”, la respuesta es que porque me da la gana. No responde a una ideología, ni a una forma de ver la vida de color verde. Me fustigo cada día por ello, no sufráis. Si lo hace el “bando tradicional” les diré que porque es mejor, aunque les joda. Ni más ni menos. Mientras la industria se dedicaba a contar moneditas, les ha adelantado por la derecha un carro lleno de vitaminas y antioxidantes. Con mejores texturas, mejores aromas, mejores formulaciones y mejores resultados. Ya es hora de que se dejen de actitudes infantiles y se pongan manos a la obra para mejorar lo suyo y competir, porque están fuera y lo saben.

Maravillosa foto de Vicky Fernández

Mi postura es muy clara: no pienso demonizar a quien use cosmética tradicional, no pienso justificarme ante quienes duden de mi integridad cosmética, no pienso pegarme con quien diga sandeces por muy expertos que se crean porque, en general, no pienso ver la vida como otros quieren que la vea y mucho menos tratar de convencer a alguien de algo. En mi sangre hay altas dosis de espíritu crítico, una excelente barrera para frenar el daño que genera en nuestras células la falta de criterio, la mitomanía y el conformismo y cuento con niveles elevados de hormona de la libertad de la que me beneficio yo y el resto de la humanidad.

Como decían hace años: “busque, compare y si encuentra algo mejor, ¡cómprelo!”. Cuénteme su experiencia pero no me intente adoctrinar, que me cabreo.

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