RRSS: ¿HABLAMOS CLARO?

Una convulsión reivindicativa ha sacudido las redes y ha conseguido movilizar distintas conciencias, que corren como pollos sin cabeza, levantando pancartas en colores varios. A fecha de hoy no me he manifestado en ningún sentido pero siento la necesidad de hacerlo porque llevar la contraria es mi “way of life”:

La reivindicación debería ser asignatura de primero de persona humana. Si no luchamos por lo que creemos, en la medida de nuestras posibilidades, deberíamos pagar un impuesto por respirar.

Se están empleando, con excesiva alegría, calificativos muy serios como acoso o discriminación para describir acciones y/o situaciones que, en mi opinión, no lo merecen: Insultar y vejar no es acosar, son delitos distintos; que las marcas no te envíen productos con la asiduidad y fluidez que tú consideres merecer, no es discriminatorio, es una elección de la marca.

La “falsificación” de los números de redes sociales y blogs no es nuevo y mucho menos reciente. Cuentas que pasan de 2k a 13k en días, he visto cientos y la mayoría famosas y respetadas; grupos de Facebook integrados por bloggers que se dedican a hacer “campañas” diarias de autoseguimiento en las distintas redes sociales, para engordar la lista de seguidores, son muy antiguos; la utilización de distintos recursos no “naturales” (entendido como natural el que alguien te descubra y te siga) son casi consustanciales a este mundo.

Pero decir eso es quedarte en la superficie. Se describe una situación sin profundizar en el motivo. ¿Por qué se hace eso? La respuesta es fácil: porque cuanto más peso parezca que tienes, más marcas, agencias de comunicación o tiendas, contactarán contigo y te enviarán productos. Ese es el primer peldaño. Pero voy a ir mucho más allá, porque ahora sería muy fácil dilapidar a los culpables. He visto a influencers/instagramers y todo lo que termine en “ers” señalando con el dedo (ya era hora) y quejándose de la situación, pero me sorprende que el análisis sea tan parcial o tan pueril. No son los únicos culpables, comparten culpabilidad al 50% con otros entes: las marcas, las agencias de comunicación y las tiendas.

Sí, esas a quien poca gente (o ninguna) señala. Esas que envían producto de forma indiscriminada para obtener publicidad sin realizar ninguna criba previa: da igual que envíes un producto natural a alguien que los pone a parir día sí y día no, da igual que envíes una crema antiedad de alta gama a alguien que tiene 20 años y que consume cosmética de supermercado, da igual la calidad del trabajo del perfil a quien le envías el producto… da igual. Si los números dicen que llega a mucho público, el engagement ¡es lo de menos! Es muy fácil cargar las tintas contra los “ers” y señalar sus pecados pero qué difícil es quejarse del trio, ¿eh? El miedo a que nadie llame a tu puerta es demasiado grande.

Podría dejarlo aquí pero voy a dar un paso más: la inocencia se vende muy cara y abunda poco. Cuando una marca/tienda te envía un producto es porque quiere utilizarte para publicitarse: quiere llegar a tu público, utilizar tus fotos, salir en tu plataforma o beneficiarse de tu credibilidad. No son entes dadivosos que te hacen un “regalo” porque les gusta tu corte de pelo. La irrupción de YT/Blogs ha tenido un impacto brutal en el mundo cosmético y, por lógica, en la forma de llegar al público. Aquí quien saca más provecho no son los “ers”, cuidado, son las marcas, las agencias de comunicación y las tiendas. Y no me valen los casos aislados de los influencers que están en la cima.

Aquí todos somos culpables, por acción o por omisión. Si tú, como consumidor, no estás de acuerdo con estas prácticas, no las apoyes: no sigas esos perfiles, no les des likes, no les comentes, no acudas a esas plataformas, no compres en esas tiendas, no adquieras productos de esas marcas. Al final, todo esto va dirigido a ti y por ti y tú tienes el poder de cambiar lo que no te gusta.

Y dicho esto, voy a comprarme un chubasquero (o dos), que se avecinan lluvias torrenciales…

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