TIPS PARA DISEÑAR UNA RUTINA FACIAL

Diseñar una rutina facial puede parecer un esfuerzo titánico, sobre todo si empezamos de cero y no tenemos demasiados conocimientos, pero existen algunos tips que me han sido revelados por la experiencia (que es la madre de la ciencia) y, que quizá, os puedan ayudar.

Comencemos descubriendo el mayor secreto de belleza: la constancia. Los productos milagro no existen y los resultados inmediatos tampoco. Si queréis mejorar vuestra piel, tendréis que usar los cosméticos que tenéis. Si no los vais a usar, no los compréis, no van a servir de nada.

1.- El primer paso del diseño se centra en el conocimiento y debe responder a tres preguntas:

¿Cuáles son nuestras necesidades? Es básico observar nuestra piel y averiguar lo que necesita y cómo es.

¿Cuáles son nuestras circunstancias? Debemos ser conscientes del tiempo, de los recursos y de las ganas de que disponemos para llevarla a cabo.

¿Cuáles son nuestras metas? Necesitamos saber qué queremos conseguir con la rutina a diseñar.

2.- El segundo paso es, muy probablemente, la parte más complicada de todas y se centra en la elección del producto(s). Mis recomendaciones, en este sentido, son:

Elegid productos con una buena relación calidad/precio – El precio de un cosmético nunca es indicativo de la calidad del mismo. Sólo indica lo que el fabricante cree que cuesta en relación a los ingredientes que utiliza, los gastos de producción, los competidores, la fama que tiene o la demanda. Un cosmético muy caro no tiene por qué ser bueno (y podría poner muchos ejemplos) igual que uno barato no tiene que ser necesariamente malo, aunque ¡ojo!, utilicemos el sentido común: un cosmético con muchas “etiquetas” tipo natural, orgánico, eco, etc, que por regla general, es más caro de fabricar, a precios extremadamente bajos… tiene que tener truco. Elegid siempre la mejor cosmética que os podáis permitir.

Buscad fuentes de información de calidad – Con esto me refiero a que es necesario dejar de lado la tendencia humana a la mitificación de youtubers, influencers y bloggers. Entiendo que todos somos conscientes de que la información que proporciona una marca sobre un producto siempre va a favor de obra y que hay que recurrir a fuentes externas para conseguir opiniones más críticas pero, y siento decirlo, cada vez es más complicado. Si, a la hora de elegir un cosmético, buscáis opiniones, buscadlas en fuentes que os aporten información además de opinión y que no duden en señalar puntos negativos si los encuentran. Y, por favor, cuestionad si la persona que opina, tiene conocimientos, tiene la suficiente experiencia probando productos, tiene vuestro tipo de piel y si, aunque se cuelgue muchas medallas, no dice tonterías (que haberlas, haylas).

Tirad de espíritu crítico – Y reflexionad sobre si un producto, por muy de moda que esté, encaja en vuestras necesidades o puede ayudaros a conseguir vuestras metas.

3.- El tercer paso se centraría, propiamente, en el diseño, pudiendo dividirlo en dos partes:

Rutina básica – Eligiendo productos de limpieza, tonificación, tratamiento e hidratación a utilizar todos los días.

Cuidados extra – A introducir de forma esporádica, en función de nuestras necesidades: limpieza, exfoliación e hidratación.

Por último, no puedo terminar este artículo sin hacer referencia a la idea que expuse en el anterior: las rutinas de belleza son rituales con los que alcanzar un bienestar; un vehículo para cuidarnos y sentirnos mejor. Aprovechémoslos.

 

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